La Intendencia construyó una nueva sede para reubicar el centro de rescate, pero Tesore sostiene que el predio no está en condiciones y vecinos y especialistas mantienen sus cuestionamientos por el funcionamiento actual.
El diario El País publicó un extenso informe sobre Richard Tesore y la ONG SOS Rescate Fauna Marina, ubicada en Punta Colorada, cuya labor de rescate de animales marinos genera tanto reconocimiento como fuertes cuestionamientos.
Tesore, visibilizado recientemente por el nacimiento de la elefantita marina “Francisca”, recibe apoyo masivo en redes sociales y de visitantes que colaboran económicamente con el centro, por el cual han pasado más de 15.000 animales en 35 años.
Sin embargo, vecinos y especialistas critican la ocupación de un área costera de más de 3.000 m², denuncian problemas ambientales, falta de controles y métodos de rehabilitación considerados poco científicos. También recuerdan denuncias pasadas, como el envío de pingüinos a Madrid en los 2000.
La Comisión Pro Fomento de Punta Colorada tiene una vieja disputa con él. Su presidente, Daniel Giménez, dice que no habla en nombre de todos los vecinos “ni cerca” pero que son “cada vez menos” los que apoyan la causa, en parte por un tema de relacionamiento personal con Tesore. “Y la comisión siempre ha mirado muy críticamente el trabajo de SOS por su instalación en la costa”
El predio, que hasta entrada la década de 1990 era “limpio y verde”, fue cercado y en forma permanente “se fueron ampliando las instalaciones” hasta llegar a media manzana ocupada e incluso cortando el acceso a la playa, dice la carta.
Allí relataban que se instaló “una construcción tipo cabaña que es utilizada como vivienda permanente; también hay piscinas donde son alojados animales marinos de gran porte, el agua proveniente de dichas piscinas es volcada a la playa mediante el uso de mangueras enterradas en la arena con deshechos de pescado podrido, lo que evidentemente contamina la playa”. Y agregaban: “El abandono de las instalaciones, los olores y la basura en el fondo del predio, permiten presumir un foco infeccioso a corto plazo, desconocemos quién autorizó el asentamiento y en qué carácter es ocupado el predio”. Tesore, en cambio, dice a quien quiera escuchar que sus piscinas tienen el tratamiento adecuado, “casi que sale para tomar” el agua.
La organización tiene “impunidad” y “más peso que el municipio”, denuncian, en cambio, muchos vecinos.
Las denuncias de aquel momento se mantienen en pie. Giménez dice que no hay “ningún tipo de control” sobre el predio de Tesore, “ni de la intendencia ni del Ministerio de Ambiente”.
El exalcalde Mario Invernizzi confirma que “a nivel sanitario el lugar está fuera de control” y “tienen lobos más tiempo del necesario”. Pero después matiza: “Ahora, Richard es el único tipo que conozco que hace estos rescates. Él es un ícono, tiene feeling en la relación con los bichos”.
Un vecino que pide no ser identificado presenta a Tesore como un “Indiana Jones” de la playa, “secuestrador de lobos con unos protocolos atroces de manejo de fauna salvaje por fuera de todos los patrones”. Es un hecho que sus prácticas son cuestionadas por la academia. Giménez dice que los biólogos y veterinarios que participaron en el proyecto “se han ido alejando” por discrepancias técnicas, lo cual es negado por Tesore.
El presidente de la comisión, arquitecto de profesión, habló el tema con profesores de la Facultad de Veterinaria y Facultad de Ciencias, quienes le informaron que los métodos utilizados por esa organización se encuentran muy alejados de las buenas prácticas de rescate y conservación, y no están apoyados en conocimientos científicos. “La fauna salvaje no es doméstica, no es un perrito o un gatito, alguien a domesticar. Claro, hay mucha gente que piensa que estamos frente a un Jacques Cousteau pero no es así”, dice Giménez.
Un especialista de la Facultad de Ciencias que pide no ser identificado para evitar problemas posteriores dice a El País que Tesore aplica protocolos incorrectos: al tener a los animales en su predio en condiciones no adecuadas en cuanto a controles sanitarios y en contacto con los humanos y sus enfermedades, luego ponen en peligro a los demás animales salvajes, si vuelven al mar.
“A veces hay animales que se tienen que morir, es lo que ocurre naturalmente, no todos se salvan; las razones por las que vienen a la costa son muy variadas”, dice el especialista, intentando matizar la relevancia de buscar salvar a todos. “Lo de Tesore es un exceso. Les da de chupetear, hace toda una macacada para amamantarlos”, dice. Y opina que encima hay un “lucro asociado” a su actividad que directamente lo hace “éticamente incorrecto”. Recuerda el caso de una franciscana o delfín que apareció en las costas de Piriápolis hace años, y él la llevó a la pileta de SOS. “Cobraba por verla”, relata.
Porque Tesore vive del rescate de los animales.
Y hay algo así como una historia negra atrás. A principios de la década del 2000 fue sancionado por el Ministerio de Ganadería con 150 unidades reajustables por el envío al exterior de 50 pingüinos de Magallanes, una especie protegida, en una operación presentada como canje con el zoológico de Madrid.
El hecho fue denunciado por la ONG Rescate Eco Marítimo. Su coordinador, Octavio Romano, dijo entonces que el intercambio con el zoológico fue por “refrigeradores, piscinas y algunas cosas más”. Dos décadas más tarde Romano responde a El País desde Mendoza, donde realiza excursiones de montaña. Dice que la historia de los pingüinos marcó su decisión de “bajarle la cortina” a su organización: “Pasé muy mal en aquella época, me apretaron porque había gente involucrada dentro del Ministerio de Ganadería, de la intendencia y del aeropuerto”. Y relata: “Hicimos la denuncia, el zoológico los redistribuía vendiéndolos. Los pingüinos salieron del parador de Tesore directo a Carrasco”. Los animales fueron trasladados en un avión de pasajeros de Pluna y, según indagó Romano, la mayoría “llegaron desnutridos” y murieron al poco tiempo.
La versión de Tesore, es que el Estado avaló el negocio y que la sanción fue levantada.
Romano define el espacio de Tesore en Punta Colorada como “un circo” al que “todos le hacen publicidad”. Una organización que se dedica a la recuperación “no puede tener animales” en exhibición, explica.
La Intendencia de Maldonado construyó una nueva sede para la ONG sobre las rocas —a un costo cercano a los USD 200.000— con la intención de trasladar el centro fuera de la playa. Aunque las obras ya están listas, Tesore sostiene que el nuevo predio no tiene condiciones para funcionar y que requiere una inversión adicional superior a USD 100.000. Afirma que no se mudará por ahora y que la temporada turística genera alta demanda, especialmente tras la popularidad de “Francisca”.
Mientras la comuna afirma que el desalojo de la sede actual será obligatorio y cuenta con aval del Ministerio de Ambiente, los vecinos temen que Tesore pretenda mantener ambos espacios. La situación mantiene un fuerte enfrentamiento entre la ONG, residentes de Punta Colorada y autoridades, sin una fecha definida para el traslado.
El País – foto-SOS
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