Una de las primeras medidas del segundo mandato de Donald Trump fue intentar redefinir la Decimocuarta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, con el objetivo de liquidar el principio de la ciudadanía por nacimiento, que existe en el país desde 1868.
La Decimocuarta Enmienda establece que “todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos y sujetas a su jurisdicción son ciudadanos de los Estados Unidos y del Estado en el que residan”.
Los tribunales y los distintos gobiernos han venido interpretando que esto significa que los niños nacidos en Estados Unidos adquieren automáticamente la ciudadanía estadounidense, independientemente de la situación migratoria de sus padres. Existen algunas excepciones específicas, como los hijos de diplomáticos extranjeros o de fuerzas enemigas invasoras.
El martes 30 de junio de 2026, las intenciones de Trump quedaron truncadas, luego de que el Tribunal Supremo de EE.UU. fallara contra el Gobierno en este asunto. Para Trump, el principio de la ciudadanía por nacimiento es “una vergüenza” y su vicepresidente, JD Vance, la ha llegado a describir como “la política migratoria más estúpida del mundo”.
La orden ejecutiva ya había pasado por numerosos giros judiciales en distintos tribunales, incluido el Tribunal Supremo. Y, aunque la sentencia significa que las cosas en este terreno permanecen sin cambios, dejará huella, según Kim Lane Scheppele.
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