Continuando con la grilla de actividades en el marco del Mes de la Juventud, el 27 de agosto se desarrolló esta charla en dos instancias de intercambio: un encuentro dirigido exclusivamente a estudiantes en la UTU de Pan de Azúcar y otro en el liceo de la misma localidad que estuvo dirigido a referentes, familias, educadores y adultos que se encuentran vinculados a esta temática.
En este sentido, la directora de Infancia, Adolescencia y Juventud de la IDM, Johana Cervetti, destacó que este año se ha puesto especial énfasis en el desarrollo de talleres dirigidos a la comunidad.
“Lo hicimos en el liceo de Aiguá, en el liceo de Piriápolis, ahora en la UTU y el liceo de Pan de Azúcar, por lo que estamos agradecidos con las instituciones educativas que nos permiten generar estos espacios y nos reciben con esta propuesta”, expresó.
Cervetti señaló que el objetivo es abordar la prevención a partir de datos reales y brindar herramientas que permitan desenvolverse de manera adecuada en esta era digital “en la que no sólo tenemos que estar informados, sino aprender”.
Por su parte, el técnico y representante de NTS Tecnología para Sumar, Leonardo Perdomo, explicó que desde hace varios años trabaja junto a la referida Dirección de la IDM con el objetivo de brindar herramientas que permitan acompañar a los jóvenes para habitar los entornos digitales en forma segura.
Perdomo destacó la recepción de los estudiantes y el intercambio generado durante estas instancias: “Cuando ellos ven que uno no viene con intenciones de apagar internet o de prohibir, sino de tratar de entender cómo lo están viviendo ellos y ven que no hay un juicio, se abren y empiezan a pedir ayuda”, señaló.
Asimismo, remarcó la importancia de que los adolescentes comprendan que la Inteligencia Artificial tiene sesgos y que puede responder en función de aquello que el usuario quiere escuchar.
En relación con el tiempo de uso de los dispositivos, indicó que se generan espacios de reflexión interesantes cuando los jóvenes logran dimensionar el impacto de las horas que destinan diariamente a las pantallas: siete horas diarias de uso se traducen en aproximadamente tres meses al año, un dato que permite visualizar la necesidad de establecer límites en el tiempo de exposición.









