¿Qué distingue a quienes viven más de 100 años de la mayoría de la población? La pregunta fascina a los científicos y a la población en general. Según el Journal da USP, en Brasil, viven más de 37.000 personas centenarias. Pero los estudios sobre longevidad se han concentrado últimamente en un conjunto específico de ellas: los supercentenarios, que sobrepasan los 110 años de edad.
Para estos estudios, Brasil guarda un tesoro: tres de los 10 supercentenarios masculinos validados más longevos del mundo son brasileños, incluyendo el hombre vivo más longevo, nacido el 5 de octubre de 1912. Esta estadística es notable, pues la longevidad extrema masculina es rara.
Entre las mujeres, las supercentenarias brasileñas en el top 15 de las más longevas del mundo superan en número a las de países más poblados y desarrollados, incluyendo a Estados Unidos.
“Sin aceite de oliva ni pescado, ¡solo supergenes de ascendencia diversa!”
Parte de la respuesta al asombro por estas estadísticas de longevidad brasileña, según un artículo de la Dra. Mayana Zatz y colaboradores del Centro de Investigación del Genoma Humano y Células Madre de la Universidad de São Paulo, publicado esta semana en la revista especializada Genomic Psychiatry, reside en la diversidad genética presente en la población de Brasil.
La hipótesis: el mestizaje contribuiría a la longevidad y la calidad de vida observadas en centenarios y supercentenarios brasileños.
“Los supercentenarios constituyen un modelo humano excepcional de longevidad, caracterizado por perfiles inmunitarios, genéticos y metabólicos únicos que fomentan la resiliencia frente al deterioro relacionado con la edad”, argumentan los investigadores. Así que “la población altamente mezclada de Brasil ofrece oportunidades inigualables para descubrir mecanismos de protección que a menudo se pasan por alto en cohortes más homogéneas”.
El artículo examina por qué Brasil representa uno de los recursos más valiosos y, paradójicamente, menos utilizados para comprender la longevidad humana extrema. Y describe estudios genómicos y celulares en curso sobre una cohorte nacional que incluye individuos centenarios y supercentenarios que mantuvieron una alta funcionalidad y sobrevivieron a la pandemia de COVID-19 sin vacunarse.
“Estos individuos nos permiten investigar las vías moleculares, inmunológicas y sistémicas de la resiliencia, ofreciendo información que podría fundamentar estrategias para prolongar la esperanza de vida”, explican.
En respuesta a la amplia cobertura mediática del tema, la propia revista Genomic Psychiatry reacciona: “¿Por qué tanto revuelo? Los supercentenarios brasileños no solo sobreviven, sino que prosperan. Lúcidos, independientes y resilientes, incluso sin dietas sofisticadas ni atención médica de primera. Piénsalo: sin aceite de oliva ni pescado, ¡solo supergenes de ascendencia diversa!”
Una cohorte extraordinaria
Para estos investigadores, las respuestas a por qué algunos humanos superan los 110 años siguen siendo limitadas, en parte, porque la mayoría de estudios se concentran en poblaciones homogéneas, ignorando grupos mestizos que podrían albergar variantes protectoras únicas.
Brasil, con su historia de mestizaje entre europeos, africanos y japoneses, posee la mayor diversidad genética del mundo. Estudios recientes han identificado millones de variantes inéditas en brasileños, incluyendo elementos móviles ausentes en bases globales.
Por eso, el equipo ha reunido más de 160 centenarios, incluidos 20 supercentenarios validados, procedentes de entornos sociales y culturales diversos. Entre ellos, estuvo la Hermana Inah (116 años, fallecida en 2025) y los dos hombres vivos más longevos del mundo (113 y 112 años).
Muchos participantes han mantenido su lucidez y autonomía pese a haber vivido sin acceso a la medicina moderna, lo que ofrece una oportunidad única para estudiar resiliencia biológica.
En la cohorte estudiada, destaca el caso de una mujer de 109 años con sobrinas de 100, 104 y 106 años, lo que refuerza la hipótesis de la heredabilidad de la longevidad extrema. Estos grupos familiares permiten explorar la interacción entre genética y epigenética en la resiliencia, destaca un comunicado de prensa de Genomic Press reproducido por EurekAlert.

Hermana Inah Canabarro, a sus 115 años, en Porto Alegre Brasil, en febrero de 2024. Falleció en 2025, con 116 años.Imagen: Carlos Macedo/LongeviQuest/AP Photo/picture alliance
La biología de los supercentenarios frente a la COVID-19
Hallazgos recientes muestran que los supercentenarios conservan mecanismos celulares juveniles (actividad proteasomal alta, autofagia funcional y expansión de células T CD4+ citotóxicas con perfiles típicos de CD8+). Así como variantes raras en genes inmunológicos (HLA-DQB1, IL7R) y en rutas de proteostasis (homeostasis de proteínas), sugiriendo que el envejecimiento inmunológico en estos individuos es una adaptación diferencial más que un deterioro.
Tres supercentenarios brasileños, por ejemplo, sobrevivieron al COVID-19 en 2020 sin vacunación, mostrando respuestas inmunes robustas con altos niveles de Inmunoglobulina G (el anticuerpo más abundante en la sangre y fluidos corporales) y anticuerpos neutralizantes. Esto refuerza la hipótesis de integridad fisiológica y resiliencia sistémica que sostienen los autores.
Resiliencia como clave
El equipo busca ir más allá de la secuenciación genética, desarrollando análisis multiómicos (una técnica avanzada en biología, que integra datos de diferentes niveles moleculares) y ensayos funcionales para descubrir variantes protectoras específicas de la población brasileña.
Además, los autores instan a consorcios internacionales a incluir poblaciones diversas y financiar estudios que promuevan la equidad en la investigación.
Los supercentenarios no solo prolongan la vida, sino que resisten activamente los marcadores del envejecimiento, advierten. Así que comprender sus mecanismos podría transformar la medicina de precisión y mejorar la calidad de vida en poblaciones envejecidas.
Editado por Rosa Muñoz Lima, con información de Genomic Psychiatry, GenomicPress y EurekAlert.
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