Este domingo 23 de agosto se cumplen 21 años del ciclón extratropical que afectó al sur y este de Uruguay, una emergencia que evidenció la necesidad de gestionar los riesgos desde una perspectiva integral.
El departamento de Maldonado fue uno de los más afectados, en especial las ciudades de Punta del Este, Maldonado, San Carlos, Pan de Azúcar y Piriápolis.
El 23 de agosto de 2005, un temporal de características inusuales azotó el país. El ciclón extratropical se formó en el Río de la Plata e ingresó a territorio nacional por la zona de Kiyú, en el departamento de San José, afectando a su paso a Colonia, Montevideo, Canelones, Maldonado, Lavalleja y Rocha.
El fenómeno se extendió durante unas diez horas, sobre un frente de aproximadamente 600 kilómetros, y alcanzó rachas de 174 kilómetros por hora, según el máximo registrado en la Estación Meteorológica del Aeropuerto Internacional de Carrasco a las 22:35. Esa velocidad fue equivalente a la de un huracán de categoría 2.
La intensidad y velocidad del viento, sumadas a la falta de previsibilidad, provocaron importantes consecuencias en vidas humanas, infraestructura y servicios públicos.
Según los registros, el ciclón dejó 10 personas fallecidas, decenas de heridas y miles de personas damnificadas. Más de 1.000 familias quedaron sin acceso a agua potable y cerca de 20.000 usuarios perdieron los servicios eléctrico y telefónico.
También se registraron importantes daños materiales, entre ellos voladuras de techos, destrucción de viviendas y afectación de estructuras públicas.
La caída de más de 2.000 árboles provocó severas interrupciones en el tránsito, afectó líneas eléctricas y de telecomunicaciones y obstaculizó el acceso a distintas zonas urbanas.
El departamento de Maldonado fue uno de los más afectados, en especial las ciudades de Punta del Este, Maldonado, San Carlos, Pan de Azúcar y Piriápolis.
Con el paso de los años, este ciclón continúa siendo recordado como la peor tormenta vivida en el país.
No obstante, ya antes se habían registrado fenómenos meteorológicos devastadores. El 26 de diciembre del año 2000, un huracán golpeó con fuerza la ciudad de Pan de Azúcar, destruyó el granero de AFE y causó graves daños, aunque sin el impacto costero y la magnitud del temporal de 2005.
En Montevideo, la caída de las antenas de las emisoras radiales Emisora del Sol y Concierto FM provocó siniestros graves, incluido uno de los fallecimientos registrados. En el interior del país también se produjeron pérdidas en el sector agrícola, como la destrucción de colmenas en Rocha.
Frente a la emergencia, el Gobierno nacional activó un Comité de Emergencia integrado por la Intendencia de Montevideo, la Policía, las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Salud Pública.
Sin embargo, la magnitud del fenómeno desbordó la capacidad de respuesta del país y dejó en evidencia la necesidad de gestionar los riesgos no solo mediante el fortalecimiento de las capacidades de respuesta, sino también reduciendo los niveles de exposición y vulnerabilidad.
El ciclón de 2005 fue un punto de inflexión en la evolución de la gestión del riesgo en Uruguay. Las debilidades expuestas, tanto en la respuesta operativa como en la planificación estratégica, evidenciaron la necesidad de contar con un sistema nacional articulado, descentralizado y con enfoque preventivo.
El desastre se convirtió en uno de los principales factores que impulsaron la transformación del entonces Sistema Nacional de Emergencias (SNE), creado por decreto en 1995 con un enfoque centrado en la emergencia, hacia el Sistema Nacional de Emergencias (Sinae), creado posteriormente mediante la Ley N.º 18.621, con una lógica de sistema e integración de distintos actores institucionales y capacidades territoriales, desde una perspectiva de gestión integral del riesgo.
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